Fuentes primarias y secundarias en la construcción del conocimiento
histórico
José Martín Hurtado
Galves
Todo
conocimiento histórico necesita de la utilización de fuentes, ya sean documentos,
testimonios u objetos. Su argumentación se basa en la interpretación de éstas. A
diferencia –por ejemplo– del filosófico, que parte de un discurso teórico en el
que se debaten las ideas a partir de las ideas. Y no es que en el histórico no
se debatan las ideas, sino que éstas son el producto de la interpretación de las
fuentes.
La
utilización de fuentes en historia tiene tres aspectos: primero, como base
desde la que se construye el conocimiento histórico (fundamentación); segundo,
como medio por el que se transita para construir dicho conocimiento
(demostración); y tercero, como límite, en el sentido de que pone una frontera al
historiador, impidiéndole que pueda elucubrar sin argumentos acerca de su tema
de investigación (verificación).
El
primer aspecto, la fundamentación, se
refiere a la fuente histórica de la que parte el investigador. Es el punto
prístino de donde surgirá el interés, la idea de conocer y demostrar tal o cual
suceso, tradición, comportamiento o idea que se quiera investigar. Puede ser un
documento escrito, un objeto o un testimonio oral.
El
segundo, la demostración, es el
trayecto que se sigue en la investigación. No basta con contar con una base
sólida, se necesita desarrollar adecuadamente la investigación. Entiéndase por
adecuadamente, la correcta interpretación de las fuentes consultadas. Las
aseveraciones que se realicen durante la investigación deben estar sustentadas
en la demostración constante. Esto no significa que se necesiten hacer cortes intermedios,
con el fin de demostrar lo investigado hasta ese momento; sino que durante la
investigación no debe salirse de la correcta interpretación de las fuentes. La
capacidad del investigador para observar, es decir, su mirada epistemológica,
le permitirá verlas desde diferentes enfoques y con distintas posibilidades de
interpretación.
El
tercero, la verificación, se refiere
a que una vez concluida la investigación histórica deberá ponerse a
consideración del lector el lugar exacto de donde se obtuvieron las fuentes
consultadas, esto permitirá contar con la confiabilidad necesaria y la suficiente
certeza de que los resultados son producto de una investigación seria y
científica.
Además
de los tres puntos anteriores, hay que tener en cuenta que durante la
investigación, el
historiador realiza una serie de interpretaciones que le permiten alejarse de
la mera repetición o transcripción que se obtienen de las fuentes, al construir
un conocimiento que es el producto de sus propias reflexiones.
No
se trata de revivir el pasado por medio de traer algunas fuentes al presente,
sino de interpretarlas: construir una historia a partir de leer, dialogar y
reflexionar con ellas. El pasado no se trae al presente, somos nosotros los que
vemos ese pasado desde nuestro presente. Pero lo hacemos con una mirada
epistemológica y un discurso actual.
Ahora bien,
todas las corrientes historiográficas, aunque difieran en su concepto de
historia, así como en la forma en que seleccionan y utilizan sus fuentes,
coinciden en algo: se basan en fuentes. La forma en que las seleccionan depende
del enfoque que tengan del conocimiento histórico: los que saben que el
conocimiento histórico se construye; y los que creen que el conocimiento
histórico se reconstruye, trayéndolo del pasado por medio de las fuentes.
Toda
fuente le permite al historiador construir un discurso, esto a partir de una
mirada epistemológica e histórica. Epistemológica,
porque es desde las fuentes que observa con una intencionalidad de construir un
logos, hay la necesidad de construir un conocimiento específico. Histórica, porque ubica al sujeto
espacial y temporalmente.
Las
fuentes son las mismas, no cambian, pero la mirada del historiador no es la
misma. Entonces, la información que se pueda obtener de
la fuente no se da sólo a partir de ella, sino de la mirada que le da sentido;
por ello, al leer los resultados de una investigación, no sólo vemos las fuentes
interpretadas, sino la mirada del historiador, su interés o intencionalidad por
construir un discurso histórico.
Al final, toda fuente es voz,
huella del devenir humano. Por eso, investigar en fuentes
resulta, en el fondo, preguntar por el sujeto histórico a través del tiempo. Es
observar al pasado desde el discurso histórico del presente; es no dejar el
presente desde un estar proyectado hacia una existencialidad que se difumina en
el tiempo.
¿Dónde
podemos encontrar al ser humano si no es en su propia actividad humana? En este
sentido, las fuentes no son más que constancias de que el sujeto estuvo ahí, ocupando un espacio y un
tiempo concretamente humanos.
Si
no existieran las miradas histórica y epistemológica, no tendría caso utilizar
fuentes. Sólo habría una mirada y una sola interpretación histórica unívocas,
que agotarían la posibilidad de preguntar por el sujeto histórico. Pero es a
partir de dichas miradas diferentes y en movimiento, que las fuentes pueden
seguir diciéndonos lo que de antemano, o no, estamos buscando. Solamente la
mirada del que inquiere puede obtener una voz, y no un silencio, por respuesta.
Lo
material de las fuentes es idea confusa, a pesar de su orden en los archivos. Es
dispersión, fuga en tanto que no hay una interpretación de ellas. El sujeto al
que aluden es difuso, el hecho de la interpretación no acaba de concretarse,
sólo hay referencias espacios en blanco. Pero el historiador ordena, reordena, edifica,
construye, interpreta, reinterpreta, resuelve, conecta, le da sentido a lo
material para crear una nueva idea a partir de la utilización de fuentes. Su
claridad concreta surge de la claridad abstracta de lo material de la fuente.
Es entonces que el material histórico, las fuentes, adquieren piel y voz y
pueden dialogar con nosotros en un tiempo presente.
Antes de que el historiador
utilizara las fuentes, éstas ya estaban “ahí”, pero ese estar ahí era difuso,
era el limbo, un laberinto, un caos. Es el historiador quien les da sentido y
orden, volviéndolas necesarias.
Por otro lado, la investigación
histórica basada en fuentes ayuda al lector, que no hace investigación, a
conocer acerca de dichas fuentes sin consultarlas directamente. En el caso de la educación, les permite a profesores y estudiantes
contar no sólo con los resultados de la investigación, sino con los lugares
específicos de donde se obtuvieron dichos resultados; así como con la
posibilidad de revisar dichas fuentes para verlas desde otra visión o conocimiento
específico.
Ahora
bien, no se trata de utilizar fuentes para justificar que una investigación
historiográfica sea válida o no, sino de utilizar las fuentes necesarias para
construir un conocimiento historiográfico. Es decir, la historia no es la repetición del pasado,
sino, en todo caso, la construcción del discurso y de la imagen de ese pasado a
partir de la revisión de fuentes.
Es necesario advertir que
también se puede hacer historia del presente. En este sentido las fuentes
utilizadas no recuperan un pasado, sino que construyen un presente histórico
con elementos del mismo presente. Esta construcción le
permite al sujeto construirse desde un sentido ontológicamente histórico. Su
ser se da a partir de un estar siendo en el tiempo tanto diacrónica como
sincrónicamente.
La historia es un discurso humano
y, como tal, necesita construirse, fundamentarse, interpretarse, argumentarse,
demostrarse, verificarse. En este sentido las fuentes varían dependiendo no
sólo por sus características particulares, sino por la utilización que se hace
de ellas.
Podemos
decir, grosso modo, que el método que
sigue el historiador al utilizar fuentes primarias es el siguiente: busca,
encuentra, selecciona, clasifica, “edita” cuando es necesario, contrasta, para
obtener no sólo información, sino orientación a su investigación; pero, durante
todo este proceso interpreta, argumenta, reflexiona y valora las fuentes a
partir de una intencionalidad y tomando en cuenta las circunstancias históricas
del texto, es decir, su contexto. Ahora bien, el orden no necesariamente es
éste; sin embargo, nos permite tener una mejor visión de lo que hace el
historiador. Veamos a continuación algunas preguntas que, aunque generales, se
hace el historiador al realizar una investigación.
- ¿A qué tipo(s) de conocimiento(s)
pertenece la fuente (política, religiosa, artística…)?
- ¿Qué otro tipo de información se
puede obtener de ella, además de los datos concretos que contiene?
- ¿Cómo debe interpretarse, solamente a
partir de un enfoque?
- ¿Cómo está estructurada la
información?
- ¿Qué relación tiene con otras
fuentes?
Además,
generalmente se parte de una serie de preguntas de orden lógico, tales como:
- ¿Qué es o qué sucedió?
- ¿Quién o quiénes participaron o se
vieron afectados?
- ¿Por qué pasó?
- ¿Para qué se hizo?
- ¿Cómo se realizó?
- ¿Dónde sucedió?
- ¿Cuándo pasó?
- ¿Cuáles fueron las causas?
- ¿Cuáles las consecuencias?
Antes
de continuar, veamos una forma de clasificar a las fuentes:
Fuentes primarias: son los documentos, testimonios u objetos originales que le permiten
al historiador investigar directamente en ellos, sin la intervención de un
intermediario (traducción, paleografía, edición, ente otros), pues se corre el
riesgo de partir de una interpretación, o segunda lectura. Generalmente las
fuentes primarias pertenecen al mismo período histórico que se esté
investigando, pero no necesariamente; por ejemplo, puede haber varios años de
diferencia entre dos documentos originales, pero si ambos tratan de un mismo
suceso, no dejan de ser fuentes primarias en la misma investigación.
Fuentes secundarias: son los resultados concretos de la utilización de las fuentes
primarias, es decir, libros, ensayos, artículos, biografías, monografías, entre
otros. Este tipo de fuentes no son de poco valor, pues son el producto de años
de investigación histórica. Y para la mayoría de las personas, es la única
posibilidad que tienen para conocer sobre temas históricos. Tómese en cuenta,
por ejemplo, las dificultades físicas, económicas, de tiempo y capacidad de
investigación, que representaría el que todos los que quisieran conocer sobre
algún tema histórico, tuvieran que acudir personalmente a consultar en las
fuentes primarias.
Es
necesario advertir que no hay una clasificación única y absoluta acerca de la
fuentes primarias y secundarias, sin embargo, exponemos a continuación una que
consideramos puede ser útil para distinguir ambas.
Fuentes
primarias:
Escritas:
a)
Documentos públicos o privados
(oficiales, políticos, administrativos, jurídicos, económicos, educativos, religiosos,
particulares; ejemplos: testamentos, fe de bautismo, actas, informes
económicos, listas de asistencia, cartas, diarios personales, entre otros)
b)
Publicaciones (bandos, gacetas,
periódicos, entre otros)
c)
Literarios (poemas, cuentos,
borradores de novela, crónicas, artículos, ensayos, entre otros)
Iconográficas:
a)
Plásticas (pintura, escultura,
arquitectura)
b)
Gráficas (fotografía, dibujos,
caricaturas, grabados, carteles, afiches, entre otras)
Orales:
a)
Directas (personas que
presenciaron el suceso, o que les contaron dicho suceso)
b)
Grabaciones (filmes,
audiovisuales, cine, video, entre otros)
Fuentes
secundarias:
Escritos (libros,
revistas, periódicos, entre otros)
Auditivos (grabaciones de conferencias, entre otras)
Auditivos y visuales
(teleconferencias, videoclips, entre otros)
Terminamos
presentando algunas sugerencias para utilizar fuentes secundarias que –a su
vez– utilicen fuentes primarias; con base en que éstas pueden ser recursos
didácticos en la educación.
- Leer párrafos, comprendiendo su significado
al subrayar ideas principales y escribirlas con sus propias palabras a la
derecha del mismo; tratando de entender la lectura a partir de las propias
anotaciones. Posteriormente, cuando se tenga mayor habilidad de lectura,
se podrá leer de “corrido” textos completos, y será más fácil detectar lo
que nos dice el historiador (propuesta, problema, situación,
características, causas, consecuencias, entre otras).
- Ubicar las palabras que se desconozca
su significado y consultarlas en un diccionario.
- Investigar acerca del autor(es) y
contexto en que se escribió.
- Investigar las características de la
corriente historiográfica a la que pertenece el texto.
- Hacer una ficha de lectura,
identificando el espacio (contexto) y el tiempo (diacrónica y
sincrónicamente), tomando en cuenta los puntos anteriores.
hola
ResponderEliminarbuena información. Saludos :)
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